En el tejado

En el tejado

miércoles, 8 de marzo de 2017

Números

Desde el origen del mundo,
para llevar bien las cuentas
y controlarnos segundo a segundo,
mas no por darnos respuestas,
presas del más absoluto temor
a perder la razón
y volverse chavetas,
los hombres echaron mano
del vicio malsano
de cifrar sin letras.
Desde temprano olvidaron
que lo más humano
no cabe en productos,
cocientes, ni restas.
Entraron así en acción
los números, la operación,
la estadística y las reglas.
Numerado el autobús
que me lleva hasta tu puerta.
Números que premios son,
desde el Gordo a la pedrea.
Premio como el de aquel padre,
sin dinero de por medio,
pero gracias a una madre
consiguió tocar el cielo.
No hacían falta papeletas
para así obrar un milagro;
tampoco se echaron cuentas,
tan sólo para esperarlo.
Un milagro en forma de mujer,
aunque de pequeña escala,
un tesorito al que proteger
antes que se lo robaran.
Pero el azar de la vida,
un boleto caprichoso,
que al ganarlo se le iba
lo que le hizo más dichoso.
Qué dolor tendrá ese hombre
visto por fuerza a llorar.
Por culpa de otro indigno de tal nombre
llevó a su niña a enterrar.
Aquél resultó tan pobre
que la hizo su propiedad.
Sólo que como él hay muchos,
y muchos más que vendrán;
y mientras, nosotros mudos,
que con nosotros no va.
Estamos acostumbrados,
que cada día son más,
pues sólo son unos datos
que contar y que archivar.
Ya nos hemos olvidado
la vergüenza una vez más,
cada número anotado,
esconde un nombre detrás.
Y cada nombre una vida,
y con ella muchas más,
que son las que compartían
su familia y su amistad.
Ellos son los que no olvidan,
su niña no volverá.
Sigamos oyendo cifras,
sigamos sin escuchar.
Lo que se restan son vidas,
con cada muerta de más.
La humanidad está perdida,
mas lo que cuenta es sumar.