En el tejado

En el tejado

miércoles, 13 de agosto de 2014

Libertad truncada

Ahora que no pesan las cadenas
en tobillos ni muñecas,
ahora que no sufren la condena
los que sólo aprietan tuercas;
les arrancas la garganta.

Ahora que las cruces han caído
por no llevarlas a cuestas,
ahora que no duelen los tullidos
porque soltaron sus cuerdas;
con mentiras los espantas.

Ahora que tú eres tú, que yo soy yo,
y así nos enamoramos,
ahora que no hay patria, ni color,
y juntamos nuestras manos;
el calor nos arrebatas.

Ahora que hay niños en la cocina
y niñas con herramientas,
ahora que se aclara la neblina
y se esfuman las tormentas;
más murallas nos levantas.

Por eso me veo obligado a alzar la voz,
aun a riesgo de perderla.
A ti, que siempre me apretaste el corazón,
no la dejes que se muera.

Espero que no te sientas ofendida,
esto que digo no es por ti;
va por los que te tienen prostituida,
diciendo que lo hacen por mí.

Gusanos que cada vez que te mencionan
tu noble nombre empañan,
pues sin honra y sin pudor, ellos miccionan
el rostro de a los que engañan.

Por eso ruego ahora que nos devuelvas
la fe que antaño tuvimos,
rehabilitando el vacío en nuestras cuencas
por olvidar lo que fuimos.

Restáuranos el valor para llamarte
de nuevo y con mayúsculas Libertad,
cosiéndonos las alas como una madre,
enséñanos nuevamente cómo volar.

A cambio pido defiendas a mi pluma
de aquellos que te cercenan hace tiempo,
que no callen sus gritos quienes te encumbran
y que entienden muy bien cómo yo me siento.