En el tejado

En el tejado

martes, 27 de mayo de 2014

Tristán ante la muerte

En este claro del bosque donde me hallo,
sobre la hojarasca seca yago tendido,
por llamas y dentelladas tan malherido,
que no acierto a ver, siquiera, mi noble sayo.

Mi fiel y mordaz espada luce en el suelo,
las cruentas y duras marcas de la batalla;
muy presto estaba el lagarto para ganarla,
pero ella logró que se le brindase duelo.

Ya siento por mi interior fluyendo el veneno
con el que la inmunda bestia a fuego me ha ungido.
A mí, que en tanta ocasión me he visto hundido,
la parca me aguarda ya con rostro sereno.

Maldita la golondrina que me condujo
portando un cabello rubio a este vil destino.
Maldita la confianza y el desatino
en creer que el rizo en cuestión pudiera ser tuyo.

Fue todo por contentar a Marcos, mi amigo,
ansioso por desposar con noble doncella.
A cambio me veo yo con tan mala estrella,
que ni siquiera ahora me brinda su abrigo.

Creo estar escuchando ya corceles divinos,
mientras que mi torpe vista se va nublando.
Mi último pensamiento, unos ojos glaucos,
llorosos que ya me anuncian fatal destino...