En el tejado

En el tejado

martes, 13 de mayo de 2014

Soneto a mi sombra

Sucumbo a la dulzura de tu lienzo,
con sus colores mudos, pero inquietos;
pintado sin sutiles movimientos,
sin un final marcado, ni comienzo.

La luz, infatigable compañera
de todas tus desdichas y quehaceres,
se despide de ti en atardeceres,
y debes conformarte con las velas.

Mas nunca has de sentirte desdichada,
puesto que cada noche estás conmigo
hasta altas horas de la madrugada.

Mucho mayor es para mí el castigo
del repentino adiós en la alborada,
eterno y entre dos tu cruel destino.