En el tejado

En el tejado

martes, 6 de mayo de 2014

Mi diosa

Aunque un turbio espesor en tu mirada
anuncie una tormenta incontrolable,
de vidrios y de ácido insaciable,
soportaré orgulloso la estacada.

Si el águila del odio ha de roerme
el hígado de forma compulsiva,
tal vez, cual Prometeo, sobreviva,
por volver en tus brazos a acogerme.

Habrán de ser tus manos las cadenas
que me aten a la sombra de tu pecho,
así podré mostrarme satisfecho
si por tu furia he de sufrir condena.

Alternaré tus soles y tus lunas,
pendiente de un perdón que me concedas;
una simple sonrisa que devuelva
mi libertad, mi alma y mi fortuna.