En el tejado

En el tejado

lunes, 19 de mayo de 2014

Clamor campesino

Cansado de esculpir sobre mi frente
raíces confundidas con el suelo,
y no sentir la punta de mis dedos,
el sol ya no calienta suficiente.

Ya mis manos, teñidas por el polvo,
no distinguem azote de caricia,
ni llegan a acertar si necesitan
el roce de tu piel o el tibio lodo.

Como ya forman parte de mis huesos
el yugo, el escardillo y la zoleta,
mi lento caminar por entre grietas
es el que marca el ritmo en estos versos.

Ahora los hombres grises de cemento,
de sentimiento plúmbeo y taciturno,
pretenden imponer su cielo oscuro,
nublando por completo el pensamiento.

No conozco más rojo que el del vino,
ni quiero más azul que el de tus ojos.
No lograrán de mí hacer un despojo,
ni lo consentiré para mis hijos.

Aquellos que no saben de desdicha,
que no vengan ahora a dar lecciones.
Sólo saben pasar por bravucones
mientras que les corrompe la desidia.

Nos venden por potaje sus vilezas,
mostradas con regate y trapicheo,
por eso se nos mofan con el miedo
y sacan jugo de nuestra tristeza.

No olviden que la fuerza del bracero
soporta su equilibrio y su sustento.
No se burlen jamás del descontento
que puedan suscitar al jornalero.

Mas ya llegará el día en que, por suerte,
de esta innoble tibieza despertemos;
será por cuando nos importe menos
defender nuestra vida ante la muerte.