En el tejado

En el tejado

martes, 11 de febrero de 2014

Con sólo una caricia

Como un mar de hormigas revoltosas,
recorriendo el brazo hasta mis dedos,
se despierta el alma de mis huesos,
cuando sutilmente me provocas

con briznas de caricias sedosas,
un sobresalto fiero y rotundo,
sobrecogiendo así nuestro mundo,
haciendo enmudecer a las olas.

Cual tempestad inmensa, devoro
tus labios de embrujo coralino,
sumiéndote en pleno torbellino,
pura ebullición de nuestros poros.

Te sujeto y te arrastro hasta el fondo,
abandonados a un sinsentido,
en mutua convulsión convertido,
alcanzando el final en sollozos.

Tú me miras al fin; yo te miro.
Mis manos ahora las tuyas buscan,
apenas sin tacto se entrecruzan
fundiéndose en una por descuido.