En el tejado

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domingo, 17 de noviembre de 2013

Jaques reencarnado

En la obra de William Shakespeare As you like it (Como gustéis, en castellano), el personaje de Jaques, el bufón melancólico de la corte del conde desterrado, es el más rico en cuanto a matices de la psique se refiere. En mi época de actor, tuve el privilegio de interpretarlo y parece que aún no lo he abandonado. Esta sería, a mi modo de ver, la forma en que se dirigiría, con posterioridad a lo acontecido en la obra comentada, a una dama... O como lo haría yo, a la reina de mis sueños...

"Aceptar debéisme el presente que aquí os entrego. No es dote, ni hacienda, ni riquezas supone, o un reino, menos aún. Nada traigo en verdad, si lo que esperáis se porta a la mano. No es corpóreo. Ni sólido, ni líquido, ni gaseoso. No comporta fórmula mágica o hechizo alguno, aunque embrujaros podría si es que entrase en mi deseo; y advertiros debo, que es así de hace tiempo.
No es material os digo, y en cambio, lo porto siempre conmigo, ni prenda, enseres, ni abalorios. No vengo a compraros con joyas. Sé de príncipes, duques, condes y demás personajes de baja alcurnia, que podrían presentarse con más lujo y boato que mi persona. Sin embargo, ninguno trae lo que yo y, por contra, no es único entre los mortales. Debéis vos comprobar que afirmo verdad solamente.
Muchos jurarán por Dios, otros por su espada, mas a mí no me es requerido. Podrán camelaros, agasajaros con palabras, pero no engañaros, os conozco bien.Por todos es sabido que nada como los versos salidos del alma de los hombres pueden encadenar a una mujer. 
Soy un mero siervo a vuestra merced, nada más hay que verme. No guardo más posesión que este humilde laúd, desafinado y roído por la termita, aunque fiel compañero sin duda. Mis vestimentas, rotas y harapientas, apenas esconden mis vergüenzas. Mi morada está en el bosque, inhóspito para muchos, mas un lecho de flores me cobija del relente. Quedé allí hasta que me presté a salir, con el fin de ver mundo. Por desgracia, amarga tristeza me sobrecogió. Tropecé con gentes de todas clases, plenos de miedo, envidia y odio. Nada me despertaba confianza entonces. Mas descubrí aquello que dan en llamar 'amor'. Desde entonces, lo llevo en mi canto; más mal que bien, seguro, pero dulcemente al fin y al cabo.
Quiero daros a vos, mi princesa, todo cuanto soy. Un hombre humilde, pero valiente, atento y despistado, loco... E irresponsable. Maduro pero aniñado. Alegre y melancólico. Tonto, y por lo tanto de buen corazón. Todo cuanto tengo os lo brindo a vos. Mi casa, mi laúd, las botas y el cariño que profeso. 
En vuestras manos queda la última palabra. Vos decidís qué hacer de mí. Si vuestro humilde y único siervo, o uno más de vuestros vasallos. En el bosque me hallaréis si os agrada presentación como la dada, burlona y seria a más no poder. Si optáis por esto último, me encontraréis fácilmente. Vuestro corazón os guiará...".

(Dibujo a lápiz de un bardo tocando el laúd. Anónimo. Fuente: http://www.paperspencils.com)