En el tejado

En el tejado

domingo, 3 de noviembre de 2013

Intocable

Hacía tiempo que no me reía tanto nada más empezar una película. Recorrer a 180 por hora las calles de París y que la policía acabe haciéndote el pasillo a ritmo de los Earth, Wind & Fire, no tiene precio. Esta es la singular carta de presentación de lo que nos espera cuando nos sentamos a verla. Driss (Omar Sy) acaba de salir de prisión y es el mayor de los hermanos de una familia senegalesa afincada en un barrio marginal de la capital francesa, al que le toca algo parecido a la lotería. Se presenta a una entrevista de trabajo con la exclusiva motivación de poder sellar los papeles del paro. Para su sorpresa, consigue el puesto, consistente en cuidar de Philippe (François Cluzet), un rico empresario, tetrapléjico por culpa de un accidente en parapente, acostumbrado a una desquiciante rutina. Juntos encontrarán esa pizca justa de pimienta de que adolecían en sus respectivas vidas. Concediéndose libertades mutuas, descubrirán todo cuanto tenían antes de conocerse y todo aquello que les faltaba por conseguir.


Dejando a un lado la indudable vertiente cómica de este film -basado en una historia real-, este supone un canto a las segundas oportunidades. Cuando parece que un pasado aciago o una silla van a lastrar nuestras alas para el resto de nuestros días, un pequeño giro inesperado en los acontecimientos, una decisión arriesgada -pero acertada-, puede reconducirnos a nuestro rincón predestinado en el paraíso. Es esto precisamente lo que consigue, después de innumerables carcajadas a lo largo de todo el metraje, que las lágrimas de emoción lleguen a aflorar por nuestras mejillas en un inolvidable final.
Como en otras ocasiones, invito (a quien no lo haya hecho ya) a disfrutar de esta gloriosa película, y dejar que nuestros pies se vayan libremente con el Boogie Wonderland